John McCarthy (1927-2011) no fue simplemente un científico de la computación; fue el visionario que definió el campo de batalla de la tecnología moderna.
Reconocido mundialmente como uno de los padres fundadores de esta disciplina, su legado es el pilar sobre el cual se construyen los asistentes de voz y los algoritmos actuales.
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El nacimiento de un término y una disciplina
La historia oficial de la IA comenzó en el verano de 1956. McCarthy, entonces un joven profesor de matemáticas en Dartmouth College, organizó el «Dartmouth Summer Research Project on Artificial Intelligence».
Fue en la propuesta de este evento donde utilizó por primera vez el término «Inteligencia Artificial».
Su objetivo era ambicioso: reunir a mentes brillantes para explorar la hipótesis de que cada aspecto del aprendizaje o cualquier otra característica de la inteligencia puede ser descrita de forma tan precisa que una máquina pueda ser programada para simularla.
Aunque el taller no resolvió los misterios de la mente, logró algo vital: unificó esfuerzos dispersos y estableció a la IA como un campo de estudio académico legítimo e independiente.
El arquitecto del lenguaje LISP y la lógica simbólica
McCarthy entendió pronto que, para que las máquinas «pensaran», necesitaban un lenguaje diferente al procesamiento de números tradicional.
En 1958, mientras estaba en el MIT, creó LISP (List Processing), el segundo lenguaje de programación de alto nivel más antiguo que aún se utiliza.
LISP fue revolucionario porque permitía la recursividad y la manipulación de símbolos, convirtiéndose en el estándar para la investigación en IA durante décadas.
Gracias a McCarthy, los programadores pudieron trabajar con estructuras de datos complejas que imitaban el razonamiento lógico.
Además, su defensa de la IA simbólica —la idea de que la inteligencia se basa en la manipulación de símbolos y reglas— dominó el campo hasta el auge del aprendizaje profundo moderno.
Pionero del tiempo compartido y la computación en la nube
Más allá de los algoritmos, McCarthy transformó la forma en que interactuamos con las máquinas. Antes de su intervención, las computadoras procesaban tareas por «lotes», lo que significaba que un programador debía esperar horas o días para ver un resultado.
Él impulsó el concepto de tiempo compartido (time-sharing), que permitía a múltiples usuarios acceder a una sola computadora central simultáneamente.
En 1961, durante el centenario del MIT, sugirió proféticamente que el poder de cómputo llegaría a venderse como un servicio público, similar al agua o la electricidad.
Esta visión es, en esencia, el antepasado directo de la computación en la nube (cloud computing) que sostiene nuestra economía digital actual.
Galardonado con el Premio Turing en 1971, John McCarthy no solo inventó un nombre; diseñó las herramientas y la infraestructura para un futuro donde las máquinas no solo calculan, sino que también razonan.