Si hay alguien que ha sabido leer los tiempos de la revolución tecnológica actual, ese es Jack Clark. Su perfil es atípico en el valle del silicio; no comenzó su andadura entre líneas de código, sino entre redacciones periodísticas.
Como antiguo reportero de tecnología en medios de la talla de Bloomberg o The Register, Clark desarrolló una capacidad única para traducir la complejidad técnica en dilemas éticos y políticos que nos afectan a todos.
Esta visión periférica lo llevó a cruzar la línea hacia el desarrollo activo, convirtiéndose en una figura clave en la gobernanza de los sistemas que hoy nos asombran.
De la narrativa a la política en Anthropic
Su paso por OpenAI como Director de Políticas fue fundamental para entender que la inteligencia artificial no solo necesitaba potencia de cómputo, sino también barandillas de seguridad.
Sin embargo, su mayor hito llegaría con la cofundación de Anthropic. En esta organización, Clark ha sido uno de los grandes impulsores de la «IA Constitucional». Este concepto es fascinante: en lugar de intentar predecir cada posible error de una máquina, se le dota de una «constitución» de principios básicos que ella misma utiliza para auto-supervisarse.
Es, en esencia, intentar que la IA tenga un sentido del juicio alineado con los valores humanos.
La vertiente informativa y divulgativa
Además de su labor empresarial, Jack es el alma detrás de Import AI, un boletín informativo que siguen miles de expertos y curiosos en todo el mundo. A través de él, Clark democratiza el conocimiento, analizando desde los avances en hardware hasta las implicaciones geopolíticas de los nuevos modelos.
Al leer sus análisis, uno comprende rápidamente que para saber realmente quién es quién en la IA y por qué esta tecnología avanza a esta velocidad, hay que prestar atención no solo a los algoritmos, sino a las políticas que los rigen.
Su trabajo en el Índice de IA de Stanford refuerza este compromiso con la transparencia, ofreciéndonos una brújula necesaria en un mar de datos que a veces resulta abrumador.
El puente entre humanos y máquinas
La contribución de Clark va más allá de lo técnico; es un constructor de puentes. Se asegura de que los legisladores entiendan qué es un modelo de lenguaje y de que los ingenieros comprendan por qué la seguridad no es un «extra», sino la base de todo.
Su enfoque cercano y su capacidad para explicar el futuro con la sencillez de un buen reportaje lo convierten en un guía indispensable. Gracias a perfiles como el suyo, la inteligencia artificial deja de ser una «caja negra» para convertirse en un proyecto colectivo donde la ética y la innovación caminan de la mano.