Hubo un tiempo en que la fotografía era el testimonio irrefutable de la verdad. Durante décadas, si algo aparecía en una imagen, simplemente «era». Bajo esa premisa crecieron las generaciones que hoy transitan la tercera edad. 

Sin embargo, la irrupción de la Inteligencia Artificial generativa ha dinamitado ese contrato de confianza. Hoy, es cada vez más común ver a ancianos recurriendo a sus hijos o nietos con el teléfono en la mano, preguntando con desconcierto: «¿Esto es verdad?».

En el mejor de los casos, esta duda se resuelve con una breve explicación familiar. No obstante, el escenario es mucho más oscuro para quienes no cuentan con ese respaldo. 

La incapacidad de distinguir lo sintético de lo orgánico ha convertido a los adultos mayores en el blanco perfecto para estafas sofisticadas, desinformación política y manipulaciones emocionales que pueden vaciar cuentas bancarias o socavar su salud mental.

El sesgo de la «evidencia física» y la falta de alfabetización visual

La razón principal por la que los ancianos fallan en esta detección no es una falta de inteligencia, sino un conflicto de paradigmas

Para alguien que nació a mediados del siglo XX, la edición fotográfica era un proceso complejo, costoso y manual (como el uso de Photoshop, que ya les resultaba ajeno). 

La idea de que una máquina puede crear una imagen fotorrealista desde cero, simplemente con una instrucción de texto, desafía su estructura lógica. Además, carecen de lo que llamamos «alfabetización visual digital». 

Mientras que un joven puede notar de inmediato un brillo excesivo en la piel, un fondo extrañamente difuminado o una arquitectura imposible, el anciano suele fijarse en el contenido y no en el continente

Para ellos, el mensaje emocional de la imagen, como el Papa con un abrigo moderno o un desastre natural inexistente, eclipsa los errores técnicos que delatan a la IA, como manos con seis dedos o sombras que no coinciden con la fuente de luz.

El declive cognitivo y la trampa del sesgo de confirmación

Con el paso de los años, la capacidad de procesar detalles finos y de mantener una atención dividida disminuye de forma natural. 

Identificar una imagen generada por IA requiere un esfuerzo cognitivo de análisis crítico: hay que dudar, ampliar la foto y buscar inconsistencias. 

Muchos adultos mayores, debido a la fatiga visual o al procesamiento de información más lento, tienden a aceptar la primera impresión visual como válida. A esto se suma el sesgo de confirmación

La IA se utiliza frecuentemente para crear imágenes que apelan a sentimientos profundos: nacionalismo, religión o nostalgia. 

Si un anciano ve una imagen (falsa) de su líder político favorito realizando una obra de caridad, su cerebro está condicionado para creerlo sin cuestionar la fuente, ya que la imagen refuerza su visión del mundo. 

Los estafadores saben esto y diseñan sus «trampas visuales» específicamente para resonar con las creencias de esta población.

Consecuencias del abandono digital en el hogar

Ignorar la dificultad que tienen los mayores de la casa para navegar este nuevo mundo no es solo una falta de paciencia, es un riesgo de seguridad familiar. 

Cuando un anciano vive en un entorno donde se siente ridiculizado por su «ignorancia tecnológica», deja de preguntar. Este aislamiento informativo es el caldo de cultivo ideal para el desastre.

Las consecuencias de no ayudar al anciano que vive con nosotros pueden ser devastadoras. Desde el «fraude del abuelo» hasta la pérdida de sus ahorros en esquemas de inversión promocionados por rostros famosos generados artificialmente. 

El daño no es solo económico; la sensación de vulnerabilidad al descubrir que han sido engañados suele derivar en cuadros de depresión, ansiedad y una pérdida total de autonomía digital.

Guía práctica: Cómo entrenar el ojo de nuestros mayores

La solución no es quitarles el dispositivo, sino acompañarlos en un proceso de reeducación amable. Para ayudarles, podemos establecer un «protocolo de verificación» sencillo que no los abrume:

  • La regla de las extremidades: Enseñales a contar dedos y observar las articulaciones. La IA todavía tiene problemas con la anatomía humana compleja.
  • El test del texto: Si hay carteles, libros o rótulos al fondo de la imagen y las letras parecen garabatos o símbolos extraños, la imagen es falsa.
  • La consistencia de la luz: Muéstrales cómo las sombras deben seguir una dirección lógica. Si el sol está detrás y la cara está iluminada frontalmente, es una alerta roja.
  • Fomentar la duda sana: Instaurar la frase: «Si parece demasiado increíble, probablemente sea mentira». Anímales a que siempre te envíen el enlace o la foto antes de reaccionar o compartir.

Un puente de paciencia y seguridad

La brecha digital es, en el fondo, una brecha de protección. No podemos esperar que quienes construyeron el mundo analógico dominen instantáneamente las trampas de la era sintética. 

Nuestra responsabilidad como hijos y nietos ha evolucionado: ya no basta con enseñarles a usar WhatsApp, ahora debemos ser sus guardianes de la realidad. La tecnología avanzará más rápido que nuestra biología, pero no sustituye el criterio humano y el apoyo familiar. 

Al final del día, la mejor herramienta contra la manipulación por IA no es un software sofisticado, sino una conversación honesta en la mesa del comedor, donde la paciencia mantenga a nuestros ancianos seguros en un mundo que, a ratos es irreconocible.