En los últimos años, la Inteligencia Artificial (IA) ha irrumpido con fuerza en nuestra vida cotidiana. Desde asistentes virtuales hasta sistemas que prometen revolucionar industrias enteras, la IA ha generado un entusiasmo sin precedentes, atrayendo inversiones millonarias y protagonizando titulares optimistas en todo el mundo. 

Sin embargo, algunos expertos advierten que este crecimiento explosivo podría estar inflado artificialmente, comparándolo con burbujas económicas del pasado, como la burbuja dot-com de finales de los 90.

Pero, ¿qué es una burbuja económica? Se produce cuando el valor de un activo (en este caso, las empresas y tecnologías de IA) se dispara por encima de su valor real debido a la especulación, para luego desplomarse cuando las expectativas no se cumplen. 

Exploremos las razones detrás de estas advertencias y analizamos los principales argumentos en este debate, desde valoraciones desorbitadas hasta dudas científicas.

Valoraciones altas frente a ingresos escasos

Uno de los principales signos de una posible burbuja es la brecha entre las valoraciones de las empresas de IA y los ingresos que generan. Muchas startups del sector, como OpenAI o xAI, han alcanzado valoraciones de miles de millones de euros gracias a rondas de financiación masivas. 

Sin embargo, sus ingresos actuales no justifican esas cifras. David Cahn, de Sequoia Capital, estimó en junio de 2024 que la industria de la IA necesitaría generar 600.000 millones de dólares anuales (unos 570.000 millones de euros) para respaldar las inversiones actuales, una meta que aún parece lejana.

Los gigantes tecnológicos tampoco se quedan atrás. Microsoft, Google y Amazon están invirtiendo sumas colosales en IA, especialmente en infraestructura como centros de datos y chips especializados. 

Sin embargo, los beneficios proporcionales aún no se materializan, lo que genera dudas sobre si estas valoraciones están basadas en expectativas más que en realidades tangibles.

Inversiones especulativas impulsadas por el hype

El auge de la IA no solo se debe a su potencial técnico, sino también a un hype que ha cautivado tanto a inversores como al público. Según PitchBook, en el último trimestre de 2024, el 43% de los 74.600 millones de dólares invertidos en startups tecnológicas (unos 70.800 millones de euros) se destinaron a empresas de IA. 

Este flujo de capital de riesgo ha inflado las valoraciones, pero muchos expertos temen que estas inversiones sean especulativas y no reflejen un crecimiento sostenible.

Xun Wang, director tecnológico de Bloomreach, advierte que «el hype ha creado una narrativa que no siempre se alinea con la realidad técnica«. Esta desconexión entre promesas y logros recuerda a burbujas tecnológicas pasadas.

Dificultades para monetizar la IA

Monetizar la IA ha resultado más complicado de lo esperado. Aunque herramientas como ChatGPT han causado sensación, convertir esa fascinación en ingresos sostenibles es un reto. 

Gary Marcus, científico cognitivo y crítico de la IA, señala que muchos productos de IA generativa enfrentan problemas de rendimiento y dependen de expectativas poco realistas. Si estas limitaciones no se abordan, advierte, el sector podría encaminarse hacia un colapso.

Tanto las grandes tecnológicas como las startups buscan modelos de negocio viables. Sin embargo, los inversores, que han apostado fuerte por la IA, comienzan a impacientarse ante la falta de retornos, lo que suma presión a un sector ya sobrecargado de promesas.

Gastos masivos con retornos inciertos

Las grandes tecnológicas han destinado sumas astronómicas a la IA. Se estima que Microsoft, Meta, Alphabet y Amazon invertirán más de 320.000 millones de dólares (unos 304.000 millones de euros) en 2025 en proyectos de IA y centros de datos. 

Sin embargo, estos desembolsos no garantizan beneficios inmediatos. Scott Zoldi, de FICO, estima que menos del 10% de las organizaciones logran implementar la IA de manera efectiva y advierte sobre un 30% de probabilidad de un retroceso significativo en el sector.

Sequoia Capital también alerta que los gastos actuales son insostenibles sin ingresos masivos que los respalden, lo que genera preocupaciones sobre la viabilidad a largo plazo.

Disminución del hype y escepticismo científico

El entusiasmo inicial por la IA está comenzando a desinflarse. En 2024, varios estudios han cuestionado sus capacidades reales. 

Un paper publicado en arXiv señala que los modelos generativos, aunque impresionantes en la generación de texto, fallan en tareas que requieren razonamiento profundo o lógica avanzada.

Estas limitaciones están cambiando la percepción de inversores y público, generando un mayor escepticismo.

Este patrón recuerda a otras tecnologías que han pasado por ciclos de hype y caída, como las criptomonedas o la realidad virtual. A medida que el escepticismo crece, el sector enfrenta el reto de demostrar que puede cumplir con las expectativas.

Falta de beneficios e inquietud entre inversores

La ausencia de beneficios tangibles comienza a preocupar a los inversores. Alphabet, por ejemplo, planea aumentar su inversión en IA en un 29% en 2025, pero sus accionistas están inquietos ante la falta de crecimiento en los ingresos de su división de nube, clave para monetizar la IA. 

Jeremy Grantham, un reconocido inversor, ha comparado esta situación con burbujas tecnológicas pasadas y predice posibles pérdidas si el sector no ajusta su rumbo.

Una tecnología intensiva en capital con retornos lentos

La IA requiere inversiones masivas en servidores y energía para entrenar modelos, pero los retornos tardan años en llegar.

Gayle Jennings-O’Byrne, de Wocstar Capital, advierte que «no veremos beneficios rápidos» en este sector. En un entorno donde los inversores buscan ganancias inmediatas, esta lentitud podría provocar una retirada de capital, acelerando cualquier ajuste en el mercado.

¿Hacia dónde va la IA?

Las advertencias sobre una posible burbuja en la IA son claras: valoraciones infladas, hype excesivo, dificultades de monetización y dudas científicas presentan un panorama de riesgo. 

Sin embargo, la IA podría convertirse en una tecnología transformadora a largo plazo, como lo fue internet tras la burbuja dot-com. La clave está en gestionar expectativas y convertir promesas en realidades. 

Por ahora, los expertos nos invitan a observar con cautela este fenómeno que mezcla innovación y riesgo.