A menudo pensamos en la Inteligencia Artificial como un lenguaje universal de matemáticas y código, algo que funciona igual en una oficina de Madrid que en una de Shanghái. Pero la realidad es muy distinta: la tecnología es un espejo de quiénes somos.
Tras analizar cómo la cultura china está moldeando el uso de la IA en comparación con EE. UU. y Europa, queda claro que no estamos solo ante una carrera técnica, sino ante una divergencia social profunda que marca cómo las empresas adoptan (o rechazan) el cambio.
Para nosotros en el mundo del marketing y la gestión, entender este «acento cultural» de los algoritmos no es solo una curiosidad, es una brújula para no quedarnos atrás.
El choque de dos mundos: ¿Armonía colectiva o control individual?
La gran diferencia nace en las raíces filosóficas. En China, el peso del confucianismo fomenta una cultura que valora la jerarquía y la armonía colectiva por encima de todo. Allí, la IA no se ve como una «herramienta externa», sino como una extensión del entorno social capaz de influir positivamente en la comunidad.
Por el contrario, en Occidente, nuestro ADN es individualista. Valoramos la autonomía personal y vemos con escepticismo cualquier sistema que amenace nuestro control. Esta brecha de mentalidad se traduce en cifras impactantes, obtenidas del informe de Barron’s:
- En China, la tasa de adopción de IA en entornos laborales está entre el 50% y el 59%.
- En EE. UU., esa cifra cae a un 26-33%.
- Un 83% de los ciudadanos chinos ven la IA como algo beneficioso, mientras que en Europa y Alemania, el miedo a los riesgos de privacidad y moral es mucho más alto (hasta un 77,8% de preocupación en algunos casos).
El «secreto» en la oficina: ¿Uso real o postureo laboral?
Uno de los puntos más fascinantes de la investigación es lo que ocurre «bajo el capó» de las empresas. Debido a esa deferencia por la autoridad en China, se ha detectado una adopción performativa o secreta.
Existen dos tipos de brechas que debemos vigilar en nuestras propias organizaciones:
- La brecha del «estiramiento»: Líderes que, al sobreestimar lo que la IA puede hacer, aumentan la carga de trabajo de sus empleados esperando una eficiencia mágica.
- La brecha de la «holgura»: Empleados que usan la IA en secreto para ser más rápidos pero no lo dicen para evitar que les carguen con más tareas o por miedo a desafiar la jerarquía.
Hemos visto ejemplos de diseñadores que revisan borradores de IA en secreto para fingir que su eficiencia es manual, o abogados que redactan contratos con algoritmos sin informar a sus clientes.
En Occidente, aunque somos más abiertos al feedback, el 71% de los empleados ya reporta síntomas de burnout debido a las expectativas infladas que rodean a esta tecnología.
Innovación vs. Regulación: Diferentes formas de entender las reglas
Incluso la forma de legislar refleja estos valores. La Unión Europea ha tomado la delantera en protección, con un enfoque basado en riesgos (la AI Act de la que hemos hablado extensamente) que prohíbe el scoring social y protege los derechos individuales.
China utiliza un modelo centralizado y estatal donde la IA es una infraestructura nacional diseñada para el «beneficio colectivo» y la estabilidad social, lo que implica una fuerte censura en temas sensibles.
Por ejemplo, mientras ChatGPT ofrece datos históricos sobre Tiananmen, los modelos chinos como Qwen están programados para redirigir la conversación por “seguridad nacional”.
- UU., por su parte, se mantiene flexible y movido por el mercado, atrayendo talento global pero con costes de implementación mucho más altos para las pequeñas empresas.
Aplicaciones prácticas: Lo que el marketing puede aprender
¿Cómo aplicamos todo esto en ComunicaGenia y en tu negocio?. China nos lleva ventaja en el uso de IA para la coordinación a gran escala, como los chatbots de Alibaba que gestionan la atención colectiva de forma ultraeficiente. Sin embargo, Occidente sigue siendo el rey de la creatividad individual y la transparencia de datos.
Para las PYMES españolas, la lección es clara: podemos adoptar la accesibilidad y eficiencia de los modelos abiertos que vienen de Oriente, pero siempre integrando el marco ético y la creatividad humana que nos caracteriza.
Hacia una IA con valores
La gran conclusión que sacamos de este análisis es que la IA no es una talla única para todos. El éxito de su integración en tu empresa no dependerá solo de contratar el modelo más potente, sino de crear una cultura de confianza.
Si queremos evitar el uso secreto o el agotamiento de nuestros equipos, debemos promover diálogos interculturales y conversaciones seguras sobre cómo la IA nos ayuda realmente.
El objetivo debe ser un híbrido: la agilidad y el optimismo que vemos en China, pero con la protección de los derechos y la libertad creativa que defendemos en Europa.
¡Sientes que en tu empresa se usa la IA de forma abierta o sospechas que hay mucho «uso secreto»? ¡Nos encantaría saber qué piensas en los comentarios!