Sundar Pichai nació en 1972 en Madurai, India, en un hogar donde la tecnología era un bien escaso; su familia no tuvo teléfono fijo hasta que él cumplió doce años. Nada hacía pensar que se convertiría en uno de los protagonistas de la inteligencia artificial

Esta limitación temprana no frenó su curiosidad, llevándolo a graduarse en ingeniería metalúrgica antes de dar el salto a Stanford y Wharton. Tras unirse a Google en 2004, su ascenso fue meteórico, liderando productos críticos como Chrome y Android antes de asumir el mando de Alphabet.

El giro estratégico hacia la inteligencia artificial

Bajo su liderazgo, Google realizó uno de los movimientos más audaces en el sector: la adquisición de DeepMind en 2014 por 500 millones de dólares. Esta decisión sentó las bases de la estrategia actual de la compañía, permitiendo hitos como la victoria de AlphaGo en 2016 y el posterior desarrollo de la familia de modelos Gemini.

Pichai ha insistido en que la IA debe ser el núcleo de todos sus servicios, desde el buscador hasta el desarrollo científico.

En años recientes, su gestión ha llevado la IA a aplicaciones prácticas asombrosas. En 2025, anunció avances significativos en la detección y terapia contra el cáncer gracias a hipótesis generadas por modelos de aprendizaje profundo.

Además, ha transformado la forma en que la propia Google trabaja, revelando que más del 50% del código nuevo de la empresa es generado por inteligencia artificial, bajo supervisión humana.

Un futuro de agentes autónomos y ética

Pichai vislumbra un horizonte dominado por la «IA agéntica», donde los sistemas no solo responden, sino que actúan de forma autónoma para los usuarios.

A pesar de predecir un 2026 intenso por la competencia, sigue invirtiendo cifras récord (unos 75.000 millones de dólares) en infraestructura para asegurar que Google mantenga su hegemonía en esta nueva era computacional. 

Su enfoque combina la potencia de Gemini con una visión a largo plazo sobre cómo esta tecnología puede resolver problemas humanos fundamentales.