En un contexto de nuevas tecnologías que potencian la interacción entre públicos y marcas, es raro encontrar alguna organización que prescinda de cualquier acción comunicativa. Generalmente, las empresas tienden a invertir parte de sus recursos en el marketing y la publicidad como parte de sus estrategias para ganar confianza y atraer a clientes potenciales. Este plan de centrarse en mayor medida en la comunicación externa parte de la pura necesidad de ser de las organizaciones, es decir las ventas. Pero, ¿dónde dejamos nuestros públicos internos?

La comunicación interna tiende a ser la más olvidada dentro de los planes de comunicación. Es por ello que muchas de las crisis surgidas en grandes empresas en los últimos años, parten de una falta de gestión de la comunicación entre una marca y sus públicos internos.

Ser conscientes de a quien nos dirigimos

Primero, hemos de conocer que entendemos por “públicos internos”. Usualmente se suele simplificar los conceptos en un dualismo entre cliente (público externo) y trabajador (público interno). Esta banalización de los distintos targets generan una serie de problemas a la hora de planificar una buena estrategia comunicativa, al quedarse fuera un gran número de variables.

Una radiografía o mapeado de públicos es algo tan vital como necesario dentro de cualquier plan de acción corporativo. Saber cuáles son nuestros grupos de interés va a ayudar a personalizar el mensaje.

Es necesario saber que los públicos internos sostienen la organización y le dan forma. No hay grupos más o menos importantes dentro de la organización, sino grupos con mayor o menor responsabilidad global. Cada una de las piezas que forman la columna vertebral de la empresa; desde el trabajador, hasta el directivo, pasando por el proveedor; son partícipes del correcto funcionamiento de ésta.

Por tanto, saber adaptar una estrategia hacia estos públicos es una cuestión que determinará el éxito. Entendamos la empresa como un barco, donde tanto capitán como remero tienen el objetivo de llegar de un destino A a un destino B. Una buena comunicación va a determinar que todos trabajen en la misma línea hasta llegar a puerto.

Crear un equipo con estrategias comunes

La principal motivación de construir un diálogo dentro de nuestra organización es la de hacer a todos nuestros públicos partícipes directos de la actividad diaria que se ejecuta. Esto, aparte de potenciar el sentimiento de pertenencia, va a generar una visión unitaria de los valores corporativos, lo que se traduce en un cortafuegos perfecto frente a posibles crisis comunicativas que tan populares son últimamente.

Normalmente se suele achacar la falta de inversión en comunicación interna a falta de fondos para auditorías constantes o a la falta de conciencia de la importancia de realizar acciones en este campo. Sin ir más lejos, incluso entre las grandes empresas, hasta no hace mucho, era un área casi olvidada o muy descuidada.

En busca del equilibrio entre comunicación interna y externa

Invertir mucho en públicos externos no es garantía de nada si descuidamos a todos los grupos que conforman nuestra organización. Lo ideal es encontrar un balance perfecto, donde todos nuestros targets sean cubiertos bajo nuestras estrategias comunicativas. No sólo busquemos captar y/o fidelizar nuevos clientes, sino convertir a nuestros trabajadores, familiares, proveedores… en prescriptores y embajadores de nuestra propia marca.

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