En líneas generales, el ser humano es mejor aconsejando a otras personas que a uno mismo. En el ámbito psicológico, el científico especializado en conducta, Igor Grossmann, lo denominó La paradoja de Salomón. Dicho término hace referencia a que el rey bíblico, Salomón, era sabio para los demás, pero cuando se trataba de tomar decisiones que tenía impacto en su propia posición, no poseía la misma habilidad.

Un equipo de investigadores del Institut d´Investigacions Biomèdiques August Pi i Sunyer (IDIBAPS), la Universidad de Barcelona (UB) y Virtual Bodywork, una spin-off de estas dos instituciones y de la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA), ha usado la realidad virtual para observar los efectos de hablar con uno mismo como si se tratara de otra persona.

Los resultados del estudio, que se han publicado en la revista Scientific Reports, muestran que una conversación con un yo en el cuerpo de Sigmund Freud contribuye a mejorar el estado de ánimo, más que hablar sobre nuestros problemas en una conversación virtual con un guion preestablecido.

El trabajo lo han dirigido Mel Slater y Solène Neyret, investigadores de Entornos Virtuales en Neurociencias y Tecnologías (Event Lab); y el psicólogo Guillermo Feixas, del Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología y del Instituto de Neurociencias de la Universidad de Barcelona (UBNeuro).

Estudios anteriores realizados por el mismo equipo han mostrado que cuando adoptamos un cuerpo diferente en la realidad virtual, nuestro comportamiento, la actitud y la percepción de las cosas cambian. Slater ha asegurado que “es posible hacer que la gente hable con ella misma como si fueran otras personas, cambiando el cuerpo a diferentes avatares”.

Para probar los efectos de este intercambio de cuerpos, los científicos sometieron al experimento a 58 personas. 29 en el cuerpo intercambiando la condición de autoconversación –primero dentro del cuerpo del participante y luego dentro del cuerpo virtual de Sigmund Freud– y otras 29 en una condición en la que solo hablaron con el personaje de Freud virtual como guion, en este caso, el padre del psicoanálisis respondió con comentarios y preguntas preestablecidas sin cambiar de cuerpo.

Para el diseño experimental, los investigadores escanearon a los participantes con el objetivo de obtener un avatar en 3D que se pareciera al usuario. De esto modo, sumergidos en la realidad virtual, los implicados veían una representación de sí mismo al mirar partes de su cuerpo o cuando se observaba en un espejo, además, al moverse, su cuerpo virtual también lo hacía.

Al otro lado de la mesa se representaba al doctor. El participante podía explicar su problema personal y luego se podía introducir dentro del cuerpo de Freud. En ese momento “Veía el otro cuerpo y lo escuchaba explicando el problema, y veía a su yo virtual como si fuera otra persona”, explica Slater.

En definitiva, el experimento permitía ir cambiando de cuerpo y tener una conversación, por lo que el participante hablaba consigo mismo, pero parecía una conversación entre dos personas diferentes.

Respecto a los resultados, el 80 por ciento de los integrantes del grupo que habían cambiado de cuerpo notaron un cambio respecto a sus problemas, en comparación con el grupo control (menos del 50 por cierto).

Los científicos no saben si este método se podría utilizar sin supervisión, ni si los doctores deberían formar parte del procedimiento de la realidad virtual, en cualquier caso, el objetivo principal era probar la diferencia entre dos versiones diferentes de la tecnología de realidad virtual.

Mel Slater sugiere que “ahora que la realidad virtual está disponible como un producto de buena calidad y con un coste inferior al de un teléfono inteligente, algunos doctores podrían utilizar este método”.