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Según la RAE jugar es “hacer algo con alegría con el fin de entretenerse, divertirse o desarrollar determinadas capacidades”. Suena bien, ¿verdad? Se puede hacer un juego sobre prácticamente cualquier cosa, así que el marketing y la publicidad no pueden dejar pasar esa oportunidad de entretener, divertir y desarrollar capacidades en su público.

Hoy en día Internet es la mayor fuente de contenidos que existe. Esto tiene sus ventajas, ya que se puede encontrar información sobre cualquier cosa. Pero, por otra parte, a veces el usuario recibe datos de forma excesiva, llegando a aburrirse o confundirse. Las marcas son las más interesadas en que su mensaje llegue a todo su público, por lo que es necesario crear tácticas de comunicación atractivas; y una de ellas es la gamificación.

La gamificación es una estrategia que tiene como principal objetivo influir y motivar a ciertos grupos de personas. Un juego bien estudiado da la posibilidad de conseguir que los miembros de una comunidad participen de forma activa en actividades que precisan de algún tipo de esfuerzo voluntario. Es decir, con una buena estrategia de gaming se establece un compromiso (el engagement en jerga Social Media) por parte de los individuos.

En los últimos años, el sector de los videojuegos ha ido adquiriendo mucha importancia en el mercado global. Si funciona la idea de comprar un videojuego para usar en casa, por puro entretenimiento, sin recibir una compensación física por ganar… ¿por qué no iba a funcionar si se recibe un premio al final? Esto es lo que han pesado ya muchas empresas que han desarrollado juegos para su estrategia comercial y de marketing.

Pero esto no es algo nuevo. Algunos supermercados siguen dando libretas para llenar de puntos con cada compra y conseguir un lote de sartenes antiadherentes. En estos tiempos, este tipo de juegos causan más molestia que ilusión, ya que al final la libreta ocupa espacio y los puntos se pierden si no se pegan al momento. Sin embargo, si esa misma acción se realiza con una app en un teléfono móvil no resulta nada molesta.

La estrategia que siguen las marcas respecto a la gamificación es muy sencilla. Mediante las mecánicas del juego se incrementa la motivación y el compromiso del jugador. Consigue puntos, avanza en distintos niveles, se clasifica en un listado de participantes y, lo mejor de todo, lo puede compartir en sus redes sociales para que todos sepan que es un ‘crack’ consiguiendo premios de su marca favorita. Lo que no sabe ese usuario es que, indirectamente está haciendo publicidad en su muro virtual. La empresa consigue que otros sepan de su existencia y de sus productos y, probablemente, también enganche a un nuevo cliente.

A parte de las mecánicas, el juego se conforma también pos las dinámicas, lo que quiere decir que el jugador obtiene recompensas, logros o un status que le permite acceder a ciertas ventajas. Un círculo perfectamente cerrado: el consumidor se entretiene y obtiene un beneficio; la marca promociona sus productos de forma casi gratuita y fideliza al cliente.

La gamificación es una herramienta que, al fin y al cabo, lo que pretende es motivar a un individuo que sabe que va a conseguir algo a cambio de su esfuerzo. Por eso, también se ha convertido en algo muy útil en la comunicación interna de las empresas. Ayuda a que los trabajadores sean más productivos y competitivos entre sí proponiendo, por ejemplo, retos mensuales cuyo ganador recibe un plus en su sueldo. Google es una de las empresas que más lleva a cabo este tipo de estrategias y la usa incluso para decidir las nuevas incorporaciones al equipo de trabajo.

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